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>El hombre nuevo que nace de la revolución
>“Sólo se salvarán los que sepan nadar.”
Frase memorable de Cataneo, cantante del Trío Taicuba, la mañana del 8 de enero de 1959, cuando Castro entra en La Habana, Desde entonces, se le conoce como ‘El Profeta’.
Anoche encontré el sueño pensando en un capítulo que me leí del libro “Manual del perfecto idiota latinoamericano”. Tenía esa necesidad bloggera de pararme a escribir sobre el tema. Sobre esa realidad que estos escritores escribieron en 1995, pero que se parece mucho a nosotros los venezolanos en 2009. En este caso, Llosa, Mendoza y Montaner hablan de esa nueva sociedad y ese “hombre nuevo” creados por las promesas de una revolución.
“Nadie con un poco de decencia, nadie que no sea un canalla, puede atreverse a negar que el hombre nuevo anunciado por el Che Guevara existe. Claro que existe. Es un cubano con neuritis óptica y cuerpo de gato famélico, flotando en una balsa a la deriva”. Esta frase abre paso a esa repetida promesa que asegura que la revolución “creará a un hombre nuevo”. Pero estos escritores nos recuerdan que nadie nos aclaró “si este humano distinto y original sería mejor o peor que el anterior. Si dispondría de más o menos calorías, más o menos expectativas de vida, más o menos oportunidades de trabajo, más o menos bienestar”. Ahora, yo les pregunto como reflexión: ¿Cómo ven ustedes al nuevo venezolano?
Según el Manual del perfecto idiota latinoamericano, la nueva sociedad es “también fugitiva: todos quieres escapar” y asegura que lo hacen bajo cualquier condición. Sí fuese verdad que en Cuba la vida es maravillosa, los cubanos no aferraran sus sueños a una balsa mal construida para enfrentarse al mar, a la noche, al frío y a la lluvia. Mientras el balsero intenta mantenerse a flote a pesar de lo doloroso que se vuelve la sal, la sed y la insolación. Posiblemente, tenga que luchar contra el miedo de ser consumido por una manada de tiburones hambrientos. A pesar de todo, ese cubano mantendrá la mirada fija en ése horizonte que ni siquiera logra ver. Pienso en ellos, pienso en Yoani Sánchez.
“La revolución ha destruido sociedades y les ha quitado la ilusión de la vida, sumiéndolas en el nihilismo (negación de toda creencia), pero no ha logrado cambiar la naturaleza humana”. En el caso de Venezuela, me niego a creer que los venezolanos no quieran progreso y libertad. Más allá de lo que parece ser una actitud sumisa y complaciente.
“El hombre nuevo que emigra y se instala en otra sociedad acaba funcionando dentro de ella, a pesar de su poca experiencia (…) es capaz de acoplarse al sistema, pues en esencia lo que quiere es satisfacer unas necesidades -físicas pero también espirituales- que no son distintas de las de cualquier otro ser humano. Lo que el hombre nuevo ha perdido en cultura democrática no lo ha perdido en naturaleza humana”.
Aunque hoy día ya están naciendo y creciendo los niños de la revolución. Esos que como mi hermana menor, no conocen otro gobierno que no sea éste. Son esos mismos que no extrañan la época democrática, porque nunca la vivieron. Ese es quizá mi mayor temor: que se acostumbren. No hay que permitir que las generaciones pasen y con ellos, muera ese recuerdo grato de vivir en libertad y sin miedo.
Fotografía: Havana, Cuba 1994 / J.B. Russel












