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>Los venezolanos y su “memoria corta”
>Tengo tiempo que no escribo de política. La verdad es que he querido evitarlo, porque es nocivo para mi salud. Sin embargo, cuando detuvieron a Oswaldo Álvarez Paz, sentí tanta rabia que ése día hubiese dado mi cédula venezolana en una subasta. La ofrecí por Facebook, pero nadie la quiso.
Me tomó sólo unos minutos darme cuenta lo rápido que se nos olvidan las cosas. La gente, las víctimas, los sacrificios y los que han sacrificado sus cosas esperando el cambio. No importa quienes sean, si son buenos o malos, si han obrado de manera correcta o no, todos han sido olvidados por la inmensa mayoría sin contemplación.
Pienso en las víctimas del 11 de abril de 2002, unos muertos sin justicia. Me duelen los que cayeron sin vida en la Plaza Altamira ¿Qué será de la vida de Joao de Gouveia? ¿Seguirá dónde tiene que estar?
Recuerdo a los militares refugiados en ése mismo lugar. A todos los voceros que veía por televisión una y otra vez. A Pdvsa y su “Gente del Petróleo”. Esos cientos de trabajadores que se quedaron en la calle por apoyar una medida que creyeron justa. Pienso en Juan Fernández y lo que me dijo el año pasado: “El mayor temor de un exiliado es que lo olviden”.
Aún siendo una niña de memoria joven, cierro los ojos y veo a Hugo Chávez con boina roja y traje de campaña por televisión. Su cara era una mezcla de sudor, polvo y angustia. Recuerdo a Jesse Chacón, al canal ocho y a los que murieron por ir a trabajar en un día incorrecto.
Cuántas cosas se han olvidado. A los comisarios de la Policía Metropolitana. A los señores Alfredo Peña, Carlos Ortega y a todos los que ya no están. Incluso, recuerdo aquel militar de canas que tenían preso en su residencia y del cuál, ya olvidé hasta el nombre.
Pienso todos los días en Franklin Brito, en su huelga de hambre y en ése anhelo queriendo ser un justo derecho. En su familia, en su condición actual y en el silencio de los medios. Un día se le perdió la pista y con eso, se perdió casi todo.
Ahora analizo la situación de Oswaldo Álvarez Paz y me temo que también pueda ser olvidado como todo lo demás. Eso es lo más probable. Quizá por eso lanzaron una “Semana Santa especial”. Un buen comienzo para que no hubiese alboroto. Es cómo darle un chupón al niño que está a punto de llorar ¿Dos días más vacaciones? ¡Santo remedio! Ésa es la manera más rápida para que los venezolanos pierdan la memoria.
Hay tanta gente -de un lado y del otro- que se han quedado en el camino. Tantas personas que entregaron sus vidas a cambio del más ingrato “olvido” ¿Lo hubiesen hecho igual si supieran que ésa sería la recompensa? No sé, habría que preguntárselos.
FOTÓGRAFO Patricia Curi












