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1984 y George Orwell
Winston, pobre Winston. Siempre supo que intentar pensar libremente lo condenaría a muerte. Eso se sabe para quienes sobreviven en la historia de George Orwell: 1984. Sin embargo, a pesar de que Winston lo sabía, no pudo evitarlo. Pensó libremente. Dudo del poder del Gran Hermano. Lo que significó para la revolución, un crimen mental. La Policía del Pensamiento lo descubrió y terminó torturado y sentenciado a muerte.
El Gran Hermano. El gran líder. Un tipo de semblante serio que nadie jamás ha visto en persona. Su imagen está a cada tantos pasos de la ciudad. En las casas. En las botellas. En la televisión. A donde miraba Winston estaba la mirada fría del Gran Hermano. Daba la sensación de que estaba todo el tiempo vigilando. Mirándote a los ojos para descubrir si pensabas traicionar su poder.
Todo el mundo vestía igual. Su comida era dada en porciones pequeñas. A veces tenían el placer de tener 25 gramos más de chocolate a su ración mensual de alimentos. Winston ya no recordaba cómo olía el café. El tacto de un pan hecho con harina de verdad. El sabor de la mermelada. Hacía más de seis meses que se afeitaba con la única ojilla que tenía. No sabía cuándo le darían otra.
Pero los programas del Gobierno puestos las 24 horas, siete días a la semana decían otras cosas muy alejadas de la realidad. Vociferaban que el Estado les permitía una mejor calidad de vida. Que los índices de mortalidad habían descendido. Que nunca en la historia, habían tenido una fuente de alimentación tan completa. Con la bondad de el Gran Hermano, el pueblo tenía una vida más digna.
“¿Cómo puedo creer en algo que no puedo ver?” Se preguntaba Winston. El Gobierno decía maravillas que él jamás percibía. Pero cómo saberlo, si Winston no conocía otra forma de vida distinta. Desde que nació, el Gran Hermano tenía el poder. Sin embargo, el espíritu libre del hombre, como es natural, termina por reaccionar. Quizá fue ése instante en que la mente de Winston le hizo una mala jugada. Traicionó al Gran Hermano desde el mismo instante en que comenzó a tener dudas en su cabeza sobre la revolución. Ya estaba condenado a muerte.
Dicen que todos los traidores se delatan por sí solos, al menos eso pensaba la Policía del Pensamiento. Es allí, cuando ellos estarían preparados para impedir cualquier ataque en contra del partido. Cualquier persona que tuviera algún comportamiento sospechoso, sería perseguido y finalmente capturado para ser condenado por crimen mental.
“No hay lealtad sino al partido. No hay amor sino al Gran Hermano. Nosotros destruimos todos los placeres que desvien ésa meta”. Por esa razón aplicaban el miedo. Nadie hablaba en contra del partido, porque sabían que iban a morir.
“¿Cómo hace un hombre para ejercer el poder sobre el otro? Lo hace sufrir. El poder consiste en causar dolor y humillación. El poder consiste en desarmar la mente humana y volver a armarla dándole la forma que uno elija. El poder no es un medio, es un fin“. No hay dictadura posible sin el factor miedo.
Y Winston se sintió atraído por una hermosa mujer. Quizá se enamoró, no lo sé, no sé si ése sentimiento exista en un lugar como aquel. Pero si sé que sintió atraído, seducido. Sabía que estar con mujeres intimamente era algo que también estaba prohibido por el Estado. Todo el amor, debía ser sólo hacia el Gran Hermano. Pero Winston se arriesgó y después de tantos encuentros furtivos cometió un error: Se le ocurrió compartir sus pensamientos de libertad con aquella mujer. Pensó en voz alta y expuso sus dudas sobre la revolución. Ella lo traicionó. Lo denunció como un traidor ante la Polícia del Pensamiento. Finalmente, lo condenó ella y la duda.
“Ojalá algún día pudiera pensar libremente algo tan simple como que 2+2 son 4″. Serán cinco si el partido así lo dice. Allí no hay libre albedrío. Se piensa lo que ordena el partido y punto. No hay otra vía si quieres seguir con vida.
“Ya sé lo que piensas Winston. Crees en la éstupida idea de que el proletariado se alzará contra nosotros. Crees que ellos son la esperanza. Eso nunca pasará. Ellos son animales indefensos”. Le decía un alto mando del partido a Winston mientras lo torturaba halándolo de brazos y pies.
Winston finalmente fue asesinado. Condenado por crímines que incluso, jamás cometió. Lo obligaron a declararse culpable ante el único medio de comunicación que existía. Estaba solo.
“Si quieres imaginar un futuro Winston, imagina una bota aplastando un rostro humano para siempre.”
Hay quienes están dispuestos a morir de pie, antes que vivir arrodillados. Winston, fue uno de ellos.
Imagen: New Speak Dictionary













>Pero él tambien se arrodillò