subscribirse: Publicaciones | Comentarios

El testigo

3 comentarios
El testigo

>La luz del semáforo cambió a amarillo, pensé que si fueran otras las circunstancias aceleraba para seguir de largo, pero como no es Caracas a las doce de la noche, decidí respetar las leyes de tránsito y reduje la velocidad para esperar la señal roja.

Se posó junto a mi un señor de unos 50, con buena pinta, hasta que, decidió aprovechar el break que le dio la luz roja del semáforo, para hurgar dentro de su nariz. Y me dieron ganas de voltear ipso facto, pero él me miró primero. Yo me sonreí como una reacción automática y estúpida. Ahí mismo pensé, que siempre, por regla general, alguien te mira.

Alguien siempre está a tu alrededor casual o circunstancialmente mirándote en el momento menos indicado. La única manera que esto no se cumpla, es que te metas bajo las sábanas y ni te asomes por la ventana, porque puede que el día que te animes a hacerlo, justo en ése instante, el vecino decidió dar un paseo con su perro chihuahua y te miró en aquella extraña posición.

Los testigos siempre están. Lo bueno es que no siempre se trata de alguien conocido. Me ha pasado cientos de veces que he visto a alguien bailar dentro de su auto, con ésa libertad de creer que nadie lo está mirando. Hay otras más incómodas, como el día que se me antojó una merengada de oreo y cuando fui, termine comprando fue la imagen de ver al novio de una amiga en brazos de otra y claro, tomándose la merengada que yo quería y que al final, no compré. Creo que lo odié por la traición y porque se tomaba mi merengada.

Y ahora, es casi imposible esconderse con la maravillosa creación del Facebook, donde nada parece estar oculto entre el cielo y un objeto con conexión a internet. Poder compartir imágenes y recuerdos en las redes sociales es increíblemente divertido, pero para otros fue como una maldición.

Tengo una amiga que decidió no aceptar el “friend request” de su marido y otra, que se divorció porque encontró que su esposo fue etiquetado en una foto que lo comprometía, no recuerdo bien, pero creo que le dijo que trabajó hasta las 3 de la mañana y terminó estando al otro lado de la ciudad, con la corbata de medio lado en la frente. Cuando vi la foto, la rumba se veía tan buena que me molestó que no me invitara. Lo peor es que lo etiquetó un amigo, de un primo de un amigo, de un tío segundo que tenían en común y que seguro dijo: “Mira a fulanito, yo lo conozco, déjame etiquetarlo”. Le puso fue un sello de condena a cadena perpetua.

  1. >Esta historia o relato me parece súper familiar hasta como si fuera yo jajajajaja… Definitivamente en la vida uno nunca tendrá privacidad. Me llevaste al tiempo y al momento. Genial Besos love you!

  2. >Hola. Te digo que debes estar tan tan tan ocupada que ni un post pusiste en febrero. Lo de ocupada está bien porque siempre es bueno hacer cosas, pero es que Papanatas te extraña, aunque sólo un poquito. Ni más ni menos. Besos

  3. >Y no tienes idea de cómo yo extraño éste lugar. Sigo de éste lado aunque esté en silencio. Espero regresar pronto.

Deja una respuesta