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LOST “perdiditos”
Sé que llego un año tarde a los comentarios, porque hace unos meses se cumplió exactamente ése tiempo desde que sacaron al aire el final de la serie LOST. Mi opinión, si es que le importa a alguien, fue un final ¡Maravilloso! Eso si, me costó 10 minutos adicionales de análisis para poder entenderlo bien. Tanto, que la pantalla se fue a negro y en la habitación se hizo un silencio prolongado. Nadie se atrevió a hacer un comentario hasta que pasaron tres minutos y tuve el valor de despegar mis ojos de la pantalla y sus créditos.
Tenía tiempo que no veía la serie, porque en los seis años que duró al aire, a mi me pasaron tantas cosas en la vida, como a ellos en la isla, lo que me impidió que fuera tan fiel como hubiese querido. Finalmente, desde hace unos meses, comencé a verla de nuevo y con ello, también llegaron los trasnocho por no poder detener un episodio tras otro.
El ultimo día, faltando siete minutos para el final, se cayó el intenet y no lo pude ver más. Me acosté maldiciendo mi Blu-Ray y agradeciendo que fuera mucho más de medianoche, porque sino, hubiese sido capaz de irme a un Starbucks en pijama, sólo para ver esos últimos minutos.
Pero como todo llega, llegó el final. Me sorprendió la capacidad de los escritores para alimentar esa ficción constantemente, jugar con el tiempo, con la mente y con la sensibilidad del espectador. Habrán muchos a los que no les gustó el final, pero para mi no pudo haber tenido otro desenlace que en medio de tanta complicación, fuera más sensato. Sí es que cabe la palabra “sensato” dentro de LOST.
Obviamente quedaron muchísimas dudas abiertas que yo no entendí, o porque en ése instante me estaba comiendo las cotufas, o porque la historia tenía tantos detalles que en el último momento, sus escritores no pudieron dejarlas todas saldadas. Pero claro, no me voy a poner intensa a preguntarme una y otra vez ¿Por qué había un unicornio blanco en la isla? Que sé yo, quizá a uno de los escritores le gustan los unicornios y se lo vaciló.
Lo único que sé es si que yo hubiese sido parte de la tripulación del Oceanic 815, seguramente no hubiese llegado ni a la segunda temporada por “mamita”. Primero porque yo soy de las que “ataca” a los moquitos con un frasco de OFF y segundo, porque no me como una manzana sin cuchillo. Olvídense de verme trepar árboles y cargar armas, mientras mi ceja izquierda sangra. La única cosa en común que tengo con Kate es que también me gustan los médicos.
Imagen: Danny Moloshock












