subscribirse: Publicaciones | Comentarios
buscar en el sitio
Tengo un plan
Tengo tantos planes que no sé si me alcance la vida. Hoy, por cierto, tuve que descartar algunos porque no me gané los 220 millones de dólares que estaban acumulados en la lotería. Se los ganó un tipo más sortudo o más necesitado que yo en Minesota. Bien por él.
Todos tenemos planes, sin embargo, hay algunos más prácticos que no sueñan con nada y eso les hace la vida más fácil. Ésa clase de gente, sólo se ocupan de permanecer 30 años en la misma compañía donde trabajan reuniéndo hasta el último centavo que se ganan. Yo no puedo. No sólo porque me aburre hacer siempre lo mismo, sino porque me gasto todo lo que gano. Tengo ése problema.
En lo personal tengo un deseo interior de tomarme lo que llaman un “año sabático” para recorrer el mundo, conocer ciudades, tomar fotografías, comer en cada rincón acogedor que consiga en el camino y escribir todo lo que mis sentidos perciban. Algo tipo el libro Ama, Come y Reza, versión mejorada.
Quiero seguir estudiando, pero cuando tengo el recurso, no tengo el tiempo y ahora que logré tenerlo todo, no hay plazas disponibles para lo que quiero estudiar. Por los momentos, ése deseo regresará a la lista de planes en la quinta posición de mis prioridades.
Mis ganas de hacer cosas aumentaron el día que dejé de tener tiempo para hacerlo, porque basta que uno esté sin trabajar para que no sepas en qué ocupar el tiempo. Una vez que trabajas y te conviertes en un esclavo laboral, entonces se te ocurren hacer mil doscientas cosas que no puedes hacer por falta de tiempo.
La última vez que hablé con mi jefe, no le pedí aumento, simplemente le dije: -¡Quiero una vida!-. El se rió irónico y me recordó que tengo 3 horas diarias libres para hacer lo quisiera. Me sentí como esas niñas vietnamitas que tejen a mano largos paños de tela, ésas que si desvían la mirada durante sus 14 horas de trabajo les dan con un fuete en la mano. Dónde están los Derechos Humanos?
Y cuando ví que no me había ganado la lotería me dio depresión. A mí y a mis otros diez compañeros de trabajo que jugamos juntos. Una de ellas intentó subirme el ánimo diciendo que 22 empleados de una compañía se ganaron 90 millones de dólares, eso sí, jugaron juntos por 9 años. Claro nueve años, le dije, nos faltan todavía ocho. Tomando en cuenta que en Estados Unidos es más probable que te caiga un rayo encima, a que te ganes la lotería, eso dicen.
Y no es que esté apurada, sino que en ocho años mis prioridades de vida probablemente sean otros. No puedo esperar tanto, no para ganarme un ticket de lotería, sino para vivir.
Los planes se van ajustando a las circunstancia y sobre todo a la edad. Quizá por eso entro en pánico cuando veo que no puedo estudiar, y es ahora cuando tengo que hacerlo, no cuando tenga 45. Mis viajes mochileros y de bajo presupuesto deben ser ahora, no cuando tenga hijos, porque quizá para ése entonces, lo que me vaya a dar nota sea ir a Disney World para tomarle fotos a mi hija con cara de anonadada frente a Mickey Mouse.
Y sí, siempre hay planes y tristemente también hay prioridades que te van obligando a dejar tus sueños a un lado. Pensar que tuve tanto tiempo libre cuando tenía 18 y lo gasté hablando pendejadas por Messenger.
Mi amigos me aconsejan que deje la intensidad porque tiempo es lo que sobra. Claro, eso me lo dice el que tiene 40 para sentirse mejor consigo mismo, pero quisiera que alguno me enseñara un documento donde especifique los años de vida garantizados que le han sido otorgados a cada uno al momento de su nacimiento.
Yo lo siento, no tengo tiempo para esperar a que la vida se vaya frente a mis ojos. Llámame intensa, no me importa.













Esta vuelta me da mucha alegría. Son las 12 y 30 de la noche en Caracas y decidí leerte. Estoy hiper cansado de trabajar y mañana me toca nuevamente guardia nocturna. Si eso no es amor o apego por algo no sé que lo sea. Siento en verdad que eres una caraja noble y con cosas muy bonitas por dentro. Y estoy seguro que nunca te veré. Eso se me hace raro, más cuando yo necesito ver a más gente que nunca. Quizás me pasan por el frente y no las veo. No sé. Igual Papanatas no está para cursilerías y pendejadas. Sólo diré que me alegra que estés sin estar. Ya con eso es suficiente, más allá de la notable falta de ritmo que evidencia tu buena prosa. A mí no me engañas. Besos y que estés muy bien.
Hacias falta!
Te echaban de menos yo y mis prosas sin ritmo. Gracias por continuar ahí, del otro lado.