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El Blanco y la soltería

30 comentarios
El Blanco y la soltería

“Que bellos tus muebles blancos, se nota que no tienes hijos”. Ése fue el primer comentario de una pareja de amigos que visitaba mi casa. ¿Qué tiene de malo mi casa blanca? Pensé.

El hijo mayor de mis amigos, con nueve años, podría hacer de mi sofá blanco un cuadro de Van Gogh con tan sólo una bolsa de Doritos de queso, de ésos que te dejan los dedos naranja por su colorante número 100. Por alguna razón que debería ser estudiado por la ciencia, los chamos comen esto y acto seguido, se limpian los dedos o del pantalón, o de lo primero que tengan a la mano. Si están sobre tu sofá, no lo dudes que lo harán. No le dije nada a mis amigos, pero me alegré de que no estuvieran los chamos ni la bolsa de Doritos.

Al principio pensé que era exagerado, pero a los días me contaron que el sobrino consetido de la casa vació un frasco de mostaza sobre un sofá amarillo. Al menos fue consciente de usar el mismo tono ¿no?. Fue una suerte que se dieran cuenta antes de poner el trasero sobre aquello.

Las paredes blancas serán un Desing District. Tu piso de madera tendrá tantas rayas como una cebra de tonos marrones, porque arrastrar cosas será una de las actividades favoritas. Y llegará el día en que estés tan casado de decir “No hagas eso. ¡Eyyy te dije que no!”, que simplemente lo mirarás y dirás: “Haz lo que te dé la gana”.

No hay forma de saber si tu chamo te saldrá tranquilo, porque eso parece ser una lotería o un descobro de ésta vida y las pasadas. Hay unos que se quedan sentados hasta tanto tu no los autorices a levantarse, otros, los consigues metido en tu closet de vestidos con una tijera que corta en zic zac.

Un gran amigo me llamó en su angustia: “Voy a ser papá de una niña ¿Sabes lo que eso significa? ¡Voy a pagarlas todas!” Y créanme, ése sí que debe intereses en ésta vida.

Aquellas inquietudes de no querer poner un vaso mojado sobre el granito. De no comer sobre la cama. De que los cojines que adornan mi hermoso sofá blanco estén alineados perfectamente y la frescura que da entrar a tu casa sin encontrar nada atravesado a mitad del camino, son deseos que no sólo puede mantenerte alejada de querer tener un bebé, sino de tener un esposo también. “Él dice que Ronald es así, pero son igualitos los dos”, me dijo mi amiga susurrado, mientras su esposo estaba en el baño.

“Disfruta de tu casa blanca tanto o más que la propia soltería”. Y yo que odio los muebles de color oscuro, pensé. Creo que la etapa maternal podrá esperar, al menos hasta que termine de pagar los muebles.

Imagen: Larry Williams

  1. Prima, tiene algo que ver que lo publicas el dia de mi cumpleaños y que mi bebe tenga 4 meses? intentas decirme que no compre muebles blancos porque en breve será el campo cientifico de mi pequeña descubridora?… Te quiero, besos desde Madrid.

  2. Excelente!!!! (jajaja se que mi principe forma parte de esta historia….con mayonesa! no mostaza) te aseguro que cuando la vida te de la dicha de ser madre seran hermosos esos cuadros de Van Gogh y el design district del cual no querras apartarte nunca, unico en su estilo te hara sentir la mujer mas feliz del mundo, no hay mayor felicidad que los hijos!!! todavia me atrevo a comprar muebles blancos…..Mis artistas son mas valiosos que ese lienzo ;) TQ

  3. Papanatas se abstiene de comentar esto, pero sólo te manda un saludito

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