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Gracias
¿Cuántas veces al día das gracias? ¿Es igual o mayor a la cantidad de veces que te quejas? Piensa en eso. Hay que tomarse un minuto, quizá más y mirar a tu alrededor. Mira los caminos que has recorrido. Analiza lo que cada uno de ellos te ha dejado. Hoy lo hice y en el trayecto, di gracias a Dios por lo que tengo entre mis manos.
Analicé mi vida. Mi carrera profesional. Mi niñez. Mi adolescencia atropellada. Las desiciones que tomé y hoy, me trajeron hasta éste teclado desde el cual les escribo. Miré a mi alrededor y vi el rostro de cada una de las personas que amo y extraño profundamente. Analicé a quienes caminan junto a mi y han tenido una vida más difícil que la mía. Hablo con Dios y no puedo sino dar las “gracias”.
Recuerdo a la niña con cárcer que me hizo sonreír en un día que creía pesado. Me dio mi lección. Recuerdo a los amigos que han muerto jóvenes y se han quedado sin la posibilidad de ver el atardecer desde un malecón, de darle un beso a quienes amaron profundamente. Pienso en aquellos que no tuvieron la suerte de tener la madre que hoy tengo junto a mi. Doy gracias porque tengo mis manos para hacer lo que tanto me gusta. Agradezco mis piernas para poder caminar y confieso que a veces quisiera aprender a correr grandes distancias.
Se debe aprender a valorar la vida, al tiempo y a las oportunidades. Estar conscientes que se es parte de un pequeño grupo de privilegiados, quizá sin dinero ni bienes materiales, pero sí con la fortuna de saberte vivo y saludable para dar la pelea en éste juego llamado VIDA. No tienes otra opción, sino salir a jugar con lo mucho o poco que tengas. Da tu mejor partido.
Hoy por ti, por mi y por los tuyos, da las gracias.
Imagen: Sean White












