subscribirse: Publicaciones | Comentarios
buscar en el sitio
Mi Ciudad Bendita
La ciudad donde nací. La cuna de montañas que me vio crecer. El lugar que está abrazado por un Ávila tan imponente que te hace suspirar. Ahí di mis primeros pasos y me caí otros tantos. Mi ciudad bendita.
Yo amaba su clima. Amaba sus paisajes, su diversidad. Suelo extrañar ver como salía la luna detrás del Ávila. Extraño su días nublados para dormir. Sus domingos familiares.
Añoro las cachapas que sabían a maíz de verdad. Echo de menos la época en que éramos venezolanos y nada más. Siento nostalgia porque llegó un día en que comencé a sentir miedo de caminar sus calles. Comencé a sufrir de paranoia. Se me estaba envenenando el alma con descontento y política. Hicieron que mi fe se rompiera.
No hay tiempo suficiente para buscar un culpable. Porque los únicos culpables somos nosotros mismos y ésa mentalidad que nos hunde cada día más. No es de tu vecino, ni de tu jefe, ni del que pasó y te robó. La culpa es individual y colectiva. Hicimos de mi país un lugar inhabitable.
Y es que llega el día en que no te sientes ni de aquí, ni de allá. Porque otro país no es el tuyo y el que lo fue, también se convierte en un lugar extraño.
Extraño a la Caracas de hace 15 años atrás. A sus ferias del Ateneo. A sus navidades. Mi Parque Central. Su gente tolerante y amable. Ésa que aún te daban las gracias sin mirarte el estatus social.
Siento nostalgia al saber que dejó de ser mi ciudad bendita. Me duele que nadie extrañe lo que teníamos. Que a nadie le importe. Están enfermos de indiferencia. Mientras yo sigo buscando que algún lugar del mundo me llene ése espacio vacío que dejan los aviones cuando despegas y dejas todo atrás.
Imagen: Jonh Madere












