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El Aleph de Coelho
“Nuestra vida es un viaje constante, del nacimiento a la muerte. Cambia el paisaje, cambian las personas, las necesidades se transforman, pero el tren sigue adelante. La vida es el tren, no la estación del tren”
Paulo Coelho
Éste párrafo no sólo forma parte del libro, es un fragmento de su presentación. Ése pequeño abreboca que te hace decidir si comprarás el libro o no. A mi me conquistó las ganas.
El libro me gustó. Tenía mucho tiempo que no leía algo de él. Recuerdo que el último fue “Verónica decide morir”. En aquel entonces, ése también me gustó, pero no recuerdo por qué razón en específico. Algunos pensarán que si lees un libro que luego olvidas, es porque no te marcó lo suficiente. Con Coelho no fue el caso, estoy segura.
Ésta vez tomé la previsión de subrayar los fragmentos que me gustaban, porque éste escritor no sólo es de historias, también es de palabras. Hay oraciones que me gustaron tanto en Aleph, que no quisiera olvidar. Marqué las páginas y subrayé las palabras, para que estén ahí si algún día decido regresar a ellas.
Cada día estoy más convencida de que los libros son los que te escogen a ti y no tú a ellos. El Aleph cayó en mis manos en el momento perfecto, ni antes, ni después. Necesitaba “escuchar” ciertas palabras que me hicieran oxigenar el espíritu. Ésa parte del alma que uno tanto abandona entre el ir y venir de los días.
“Los jóvenes salen de la universidad y no consiguen empleo. Los viejos llegan a la jubilación sin tener dinero para nada. Los adultos no tienen tiempo de soñar”. El tiempo pasa tan rápido y las responsabilidades pesan tanto, que comienzas a acostumbrarte a eso que llaman “dura realidad”. Y yo sigo luchando contra la corriente, hasta que mi cuerpo ya no pueda más.
El protagonista lucha contra la misma corriente. De pronto un día siente que está perdiendo la fe y decide cambiar el rumbo. Atraviesa medio continente buscando “reconquistar su propio reino”. Lo espiritual que nadie ve, pero que cada uno siente en su interior.
“Cuando la insatisfacción no desaparece, entonces fue puesta ahí por Dios con una sola razón: es necesario cambiar todo, caminar hacia adelante”.
Éste libro habla de la muerte, de la reencarnación, del pasado, presente y futuro. De ése tiempo que para Coelho, no existe.
“El ‘tiempo’ no pasa. El ser humano tiene una gigantesca dificultad para concentrarse en el presente, siempre está pensando en lo que hizo, cómo podría haberlo hecho mejor, cuáles fueron las consecuencias de sus actos, por qué no actuó como debería haber actuado. O si no, se preocupa por el futuro, cuál es el peligro que le espera a la vuelta de la esquina, cómo evitar lo que no desea y cómo conseguir lo que siempre soñó”. Y en ése vaivén, nos perdimos el paisaje que nos da el AHORA.
Leer el Aleph te da la sensación de haber llenado de aire tus pulmones. Coelho tiene la virtud -si así se le puede llamar- de transmitir serenidad, y no importa si el tipo resulta ser el más estresado de Brasil. Igual lo hace, y lo hace muy bien.
Imagen: Claudio Edinger












